Es el Agua el Nuevo Petróleo?

Es el Agua el Nuevo Petróleo?

Una Visión Global desde la Problemática de la Gestión de los Sistemas de Distribución.

El agua. Existe acaso un recurso más importante para la sustentabilidad de la vida en este planeta? – tanto la supervivencia de los seres vivos y en esencia cualquier actividad productiva dependen directa o indirectamente de este recurso. Por este motivo, el manejo del agua es quizás una de las actividades en las cuales el hombre desde las civilizaciones más antiguas ha tratado de usar todo su ingenio y capacidades para su explotación, a pesar que no siempre se ha impuesto la racionalidad sobre su uso.

Problemática Mundial.

Hasta la primera parte del siglo XX, la dinámica y crecimiento tanto de las sociedades como del desarrollo industrial y tecnológico, no fue quizás tan acelerado así que las políticas y manejos del agua no encontraron especiales dificultades en adaptarse a los requerimientos de la población mundial. Sin embargo, la explosión demográfica y el vertiginoso desarrollo industrial y agrícola del último medio siglo están generando una presión sin precedentes sobre las fuentes y recursos finitos de agua fresca, lo cual no ha sido acompañado en lo que al manejo del agua concierne, de las políticas y acciones necesarias para un uso coherente y preservación de dichas fuentes.

El progresivo deterioro en las últimas décadas de la calidad del agua, especialmente en fuentes superficiales y acuíferos así como el fenómeno del calentamiento global han traído consigo que diferentes investigadores, políticos, ambientalistas y científicos estén alertando en que el agua se convertirá en el nuevo petróleo de este siglo, tanto es así que si en cualquier búsqueda de Internet se utiliza la frase “Is Water the new oil / Es el agua el nuevo petróleo” aparecen cientos de miles de diversas referencias.

A nivel global los niveles de agua en el planeta permanecen relativamente constantes (aunque resta ver el efecto extendido que tendrá el calentamiento global en próximas décadas); sin embargo son fácilmente detectables los problemas de acceso a fuentes de agua potable que tienen numerosas comunidades y poblaciones en todo el planeta.

Así las cosas, es acaso irreal pensar que en próximas décadas nuestro planeta estará enfrentándose con una crisis de agua de proporciones épicas?

Según la ONU, actualmente cerca de 1,300 millones de personas (una quinta parte de la población del Planeta) no cuentan con un adecuado acceso a agua apta para consumo y cerca del 40% de la población no tienen acceso a redes de saneamiento básico. Ahora, sin querer entrar en el terreno de las visiones apocalípticas y por el contrario asumiendo una actitud proactiva, la pregunta que debemos hacernos es que podemos hacer para remediar esta situación?

En primer lugar, siendo los problemas de calidad graves (como se ha dicho han crecido con la actividad humana), atendiendo al debate actual sobre si el agua es el nuevo petróleo, a la mayoría sólo parecen preocuparle los problemas de cantidad, cuando lo razonable sería situarlos a un mismo nivel dado que ambos conceptos están estrechamente relacionados.

Con respecto a los usos y explotación de las fuentes, el consumo humano directo es todavía pequeño si se le compara con otros usos. Sólo un 10% – 12% del agua potable del globo acaba en el vaso, en la ducha o en actividades de limpieza de las personas. Un volumen dos veces mayor que ese es utilizado por la industria, mientras se estima que cerca un 70% (porcentaje aún mayor en países desarrollados) se emplea en el sector agrícola. El informe de la ONU sobre el abastecimiento global de agua (Water: A Crisis of Governance[1]), prevé que ese número crezca en el momento en que el mercado responda a un aumento previsto del 55% en la demanda de alimentos para 2030. El aumento de la riqueza en economías emergentes, por su parte, significa que dichas poblaciones aumentaran el consumo de alimentos especialmente carne, cuya producción requiere un volumen mucho mayor de agua que la producción de verduras. Los aumentos del precio del agua impulsados por la escasez van a exigir cambios profundos de costumbres por parte de agricultores y consumidores.

En lo que tiene que ver con la operación de los sistemas de acueducto y a pesar de la fundamental importancia del agua para la sociedad; una enorme cantidad de agua potable se pierde a través de los sistemas de distribución. En el mundo de hoy, no podrías imaginarnos unas pérdidas anuales de 32,000 millones de metros cúbicos de petróleo. Pues bien, de acuerdo con el Banco Mundial este es el volumen de agua que se pierde anualmente en los sistemas de distribución debido a fugas y daños en los sistemas de acueducto. Adicionalmente, se estima que 16,000 millones de metros cúbicos corresponden a Agua no contabilizada debido a una pobre medición del consumo, corrupción y fraudes en los sistemas. En Colombia donde según estudios de la Comisión de Regulación de Agua Potable y Saneamiento Básico; la situación no es menos desalentadora dado que se estima que la mayoría de los sistemas presentan índices de Agua No Contabilizada (IANC) superiores al 35% y en algunos no pocos casos superan el 55%.

Como las fugas afectan la gestión económica de los Sistemas de Distribución.

Las pérdidas de agua en las redes de acueducto tienen un claro impacto económico. A nivel global se estima que estas pérdidas ascienden a cerca de U$ 14,000 millones de dólares en ingresos potenciales en caso de ser facturados los volúmenes perdidos. Una sorprendente pérdida financiera en la actual crisis monetaria mundial!

En los países en vías de desarrollo, los porcentajes de pérdidas de agua potable son cercanos al 60% del volumen total de agua tratada que ingresa al sistema de distribución. En un marco global se estima que el porcentaje de pérdidas de agua tratada está entre el 25% – 35%. Si bien los mayores usos del agua son agrícolas, el recuperar al menos la mitad del agua que globalmente se pierde por fugas permitiría servir las necesidades de agua de aproximadamente 90 millones de personas sin siquiera requerir inversiones en nuevos sistemas de distribución o explotaciones adicionales de las cada vez más escazas fuentes de agua.

Lo anterior podría parecer obvio, sin embargo nuestras sociedades quizás por temas culturales o inercias históricas han heredado una cultura basada en incrementar a cualquier precio la explotación de fuentes de agua y ampliación de instalaciones de tratamiento efectuando un control muy limitado de los usos y del desempeño de las infraestructuras, control que en ocasiones resulta ser prácticamente inexistente.

Es claro que identificar y corregir la gran proporción de fugas de los sistemas de acueducto debería ser considerada como la primera acción para reducir y mitigar el impacto de las perdidas en los sistemas. La anterior afirmación, no quiere desconocer la complejidad y dificultad en las tareas de detección y corrección de fugas dado que inclusive los métodos de detección de fugas que no requieren de excavación y que están basados en métodos acústicos y pruebas de campo son extremadamente costosos, consumen gran cantidad de tiempo y recurso humano y no son 100% efectivos.

Claramente, cumplir con las metas de reducción de pérdidas en sistemas de distribución en el marco de aportar a la problemática o crisis mundial del Agua con presupuestos limitados como los que se manejan en los países en vías de desarrollo requieren de innovación tecnológica. En este sentido, técnicas analíticas basadas en Inteligencia Artificial (IA) y con el uso de programas computacionales para modelación hidráulica han demostrado que la metodologías analíticas para la detección de fugas pueden ser exitosas para facilitar las tareas de identificación y reparación de fugas y con ello mejorar los porcentajes de pérdidas en los sistemas.

Conclusión Final

La sociedad de hoy enfrenta un escenario bien distinto al de hace sólo dos generaciones en lo que tiene que ver con la disponibilidad de Agua apta para consumo. Ante una problemática de complejidad creciente, es necesario que todas las autoridades reconozcan la urgente necesidad no solo que tiene el ahorro y uso eficiente del agua, sino también la reducción de pérdidas.

La reparación y reducción de fugas en sistemas de distribución puede no parecer tan inspirador como un valle de turbina de viento o como los diseños de edificaciones verdes y autosustentables; sin embargo en un mundo donde el recurso Agua comienza a convertirse en un bien precioso y escaso, la reducción de fugas, la reducción de los niveles de presión y la gestión sobre los medidores tienen una clara justificación ante la problemática mundial del agua.

En esta dirección, el análisis pragmático (alejado del discurso demagógico) y el uso de herramientas tecnológicas por parte de especialistas en el campo de la hidráulica y gestión de sistemas de distribución, permitirá desbloquear la situación actual y avanzar, por un camino largo y complejo, hacia la gestión sostenible del agua que exigen las futuras generaciones. Esta es una contribución que los profesionales relacionados con la gestión y operación de sistemas de acueducto y alcantarillados debemos y podemos hacer.

 


[1] Water: A Crisis of Governance – Web Link: http://www.unep.org/Documents.Multilingual/Default.asp?DocumentID=471&ArticleID=5215&l=en

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